Plaça de la Plana, 2 Baixos 
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¿Le llevas la mochila porque pesa?
  • ¿Sueles darle todo lo que te pide?
  • ¿Le llevas el desayuno a la escuela si se le olvida?
  • ¿Le repasas la agenda para que no se olvide de hacer los deberes?
  • ¿Le permites ciertas conductas para compensarlo?
  • ¿Le haces algunas cosas tú por comodidad?
  • ¿Le evitas actividades arriesgadas o molestas?
  • ¿Contestas por él y justificas sus errores?
  • ¿La ayudas antes de que te lo pida?...
A menudo piensas que tal y como lo haces ya está bien, que estás dando a tu hijo todo lo que necesita para crecer y que, si puedes ahorrarle algún sufrimiento, mejor.
A veces, crees que tu hijo no será capaz de hacer según qué y te falta tiempo para hacerlo tú antes de correr el riesgo de que él no lo consiga.
Te empeñas en intervenir, sí o sí, y es entonces cuando estás cortando su iniciativa, le creas inseguridad y quitas valor a lo que él es capaz de hacer.

Si te has identificado con algunas de las reflexiones anteriores, conviene que sepas qué es la sobreprotección.

La sobreprotección es una “manera de educar” que quiere ahorrar cualquier tipo de sufrimiento al hijo, asumiendo parte de las responsabilidades del hijo al que no le dejan hacer lo que, por edad, ya está preparado para hacer. La sobreprotección tiene como principales consecuencias la inseguridad, la baja autoestima y la dificultad para gestionar las emociones.

¿Cómo lo haces para evitar la sobreprotección? 
  • Acepta a tu hijo con todas sus virtudes y defectos.
  • Valora sus puntos fuertes (positivos).
  • No le hagas nada que pueda hacer por sí mismo.
  • Darle pequeñas responsabilidades según la edad, mejorará su autoestima.
  • Escucha y respeta sus decisiones.
  • Enséñale a compartir.
  • Enséñale a ser responsable de su salud y que hay que cuidarla.
  • Ponle unos límites claros, le darán seguridad y confianza.
Dale la oportunidad que te está pidiendo porque quiere crecer y necesita su espacio, su rincón de autonomía para demostrarte que es responsable, que sí puede. Ya sabe que antes de cruzar debe mirarse, conoce el camino para llegar a casa, sabe abrir la agenda y mirar qué tiene para mañana, sabe prepararse la merienda y, si conviene, la cena, sabe que los actos tienen consecuencias.... Tiene los recursos para hacerlo y conseguirlo.

La confianza y la seguridad para gestionar sus emociones y sus responsabilidades harán crecer su autoestima y su autonomía.

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