En casa, en la escuela, en el trabajo, … y en todas partes. 
Hace unos días, releyendo el pedagogo Gregorio Luri, me llamó la atención una experiencia llevada a cabo en algunos centros educativos de distintos niveles donde los problemas de disciplina eran muy presentes.

Partieron de la base de que una gran medida podría ser demasiado chocante y se decidió empezar por las pequeñas cosas.

Aquellas pequeñas acciones que pudiesen adoptar la forma de mensaje positivo.


La propuesta consistía en utilizar, siempre que convenga y en el momento adecuado, las tres palabras mágicas que son: “por favor”, “gracias” y “perdón”.
En la entrada de una de los centros se colocó una gran pancarta con las tres palabras mágicas para que, así, cada día al entrar en el centro, todo el  mundo las viese y la recordase.


Hay que añadir que detrás de este proyecto había un profesorado muy convencido y con la idea muy clara de que se trataba de una actividad colectiva con un objetivo común. Puesto que todo el mundo conocía la consigna, todo el mundo podía aplicarla o pedir al otro que “por favor” la aplicase. Ya sea por el entorno o por la complicidad que se fue creando que se provocó un cambio perceptiblemente positivo en la dinámica del centro. Se respiraba de otra manera, había más serenidad, menos tensiones i aceptación del compañero. Incluso los problemas de disciplina se redujeron.


Entre varios aspectos debemos comentar que actualmente estamos sobrevalorando la espontaneidad, la individualidad (yo soy yo) y la inmediatez de tal manera que no dejamos paso a virtudes como la temperancia (obrar en consecuencia y ser responsable), la prudencia, la fortaleza (firmeza frente a la dificultad), y la justicia (ser moderados y tener autocontrol). 


Pero no podemos olvidar que somos parte de una comunidad, que no estamos solos y que la convivencia es responsabilidad de todos.

La sencillez de pedir la cosas “por favor”, dar las gracias y excusarnos cuando sea conveniente puede ser un buen inicio para reconducir algunas situaciones de tensión. Se trata de romper la espiral de negatividad para mejorar y facilitar las relaciones interpersonales del día a día en todos los ámbitos y situaciones donde nos movemos.

Si memorizamos un poco recordaremos aquello que nos decian cuando éramos pequeños

–Y ahora…. ¿Qué hay que decir?  

–¿Cómo hay que pedir las cosas? 

Seguro que hemos hecho lo mismo con nuestros hijos. Ahora ya sólo se trata de recuperar, mantener y ampliar este hábito del que todos tendríamos que ser unos incansables promotores.

MONTSE MIQUEL
Pedagoga
Num col. 00969